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Cómo poner precio a un mueble a medida

Marat, CEO of Minimo Vital7 min de lecturaPrecios, Muebles, A medida

Cuando no hay dos piezas iguales, no hay lista de precios posible. Cada pedido es una cotización nueva, y eso lleva a muchos talleres a cotizar por comparación: lo que salió el mueble parecido del año pasado, más algo. El problema es que ese «más algo» es donde se pierde el margen, porque nunca se revisa contra lo que realmente costó.

En resumen

Un precio a medida se arma sumando cinco cosas, en orden: materiales al precio del día incluido el desperdicio, horas reales por tu valor hora, lo que factura el taller externo, una parte de la estructura del negocio, y recién sobre ese total el margen. Los tres olvidos más caros son el desperdicio de material, las horas de terminación y la estructura. El precio cambia con cada pieza; el método debería ser siempre el mismo.

Materiales: precio del día, con desperdicio

Dos errores conviven acá. El primero es cotizar con el precio de la compra anterior, que en un mercado con precios móviles puede estar meses desactualizado. El segundo, más silencioso, es costear solo el material que queda en el mueble.

La placa se compra entera aunque la pieza use el setenta por ciento, y el recorte no siempre sirve para el trabajo siguiente. Si el desperdicio no está en el costo, todos tus presupuestos están bajos por el mismo porcentaje, todo el tiempo.

Mano de obra: las horas que no se sienten trabajo

El armado se cuenta siempre. Lo que se olvida es todo lo que lo rodea: lijado, ajuste de cajones, retoques, la mañana entera que llevó entregar e instalar, y la corrección menor en la casa del cliente dos semanas después.

Esas horas existen, ocupan el taller y no se pueden usar para otro pedido. Dejarlas afuera es la razón más común por la que un mueble que parecía rentable termina siendo apenas neutro.

Cómo definir tu valor hora

Parte de cuánto necesitas que deje el taller por mes y divídelo por las horas realmente facturables. La distinción importa: cotizar, comprar material, coordinar con el tercero, contestar mensajes y entregar también son horas del negocio, pero no se cobran de forma directa.

Si divides tu objetivo mensual por todas las horas que trabajas, en vez de por las que puedes cobrar, tu valor hora sale artificialmente bajo — y todos los presupuestos que salgan de ahí también.

Lo que factura el taller externo

Cuando parte de la producción se terceriza, ese costo entra tal cual, pero conviene no tratarlo como un número fijo. Una pieza con más complejidad, más herrajes o una terminación distinta suele costar más aunque el tamaño sea parecido.

Pedir el precio antes de cotizar, y no después de aceptar el pedido, es la diferencia entre un costo conocido y una sorpresa que ya no se puede trasladar.

La estructura, que casi nadie carga

Alquiler del taller, luz, herramienta que se amortiza, seguro, contador, el celular con el que coordinas todo. Ese gasto existe haya o no pedidos, y alguien lo paga: o está repartido en los precios, o sale de tu margen sin que lo veas.

No hace falta un cálculo sofisticado. Estima el gasto fijo mensual del negocio, divídelo por la cantidad de pedidos que haces en un mes normal, y suma esa cifra a cada pedido como una línea más.

Los cinco componentes

ComponenteCómo se calculaError frecuente
MaterialesPrecio del día por lo que realmente se usa, más desperdicioCotizar con el precio de la compra anterior
Mano de obraHoras reales por valor hora, incluidas las de terminaciónContar solo el armado y olvidar lijado y ajuste
Taller externoLo que factura el tercero por esa piezaTratarlo como fijo cuando varía por complejidad
EstructuraParte del alquiler, herramienta, luz y tiempo no facturableNo incluirla y creer que el margen es el que se ve
MargenPorcentaje sobre el costo total, no sobre el materialAplicarlo antes de sumar estructura

El costo real de cada pieza contra lo que cobraste, sin esperar al cierre.

Mira cómo funciona

El orden importa

Sumar en el orden equivocado produce precios que parecen sanos y no lo son. La secuencia correcta es:

  1. Materiales con desperdicio, al precio del día.
  2. Horas reales por tu valor hora, incluidas terminación y entrega.
  3. Lo que factura el taller externo por esa pieza.
  4. La parte de estructura que le toca al pedido.
  5. Margen sobre la suma de todo lo anterior.

Aplicar el margen antes de sumar la estructura es el error más común, y produce exactamente la sensación de trabajar mucho para ganar poco: el margen existe, pero se lo come un gasto que nunca entró en la cuenta.

El método define el precio de salida; lo que el pedido dejó de verdad es otra medición, y está en cotización contra costo realSin esa segunda mirada, el método nunca se corrige.

Cuando el cliente pide cambios

Un cambio de material, una medida distinta o un herraje diferente modifican el costo, y muchas veces se aceptan sin recotizar porque parecen menores. Tres cambios menores en un mismo pedido dejan de serlo.

Conviene decir desde el principio que los cambios de especificación pueden ajustar el precio, y confirmarlo antes de ejecutarlos. Es una frase incómoda una vez y evita una conversación mucho peor al entregar.

Dar un rango antes de calcular

Preparar una cotización completa lleva horas reales, y buena parte de esas horas se invierte en pedidos que nunca iban a cerrar. Un rango aproximado dado temprano en la conversación filtra sin costo.

No es dar un precio: es decir en qué orden de magnitud se mueve algo así. Si el cliente esperaba la mitad, se descubre en cinco minutos en vez de en tres días. Y si el rango le cierra, la cotización detallada llega a alguien que ya aceptó el orden de precios, que es una conversación completamente distinta.

Conviene darlo como rango amplio y con la aclaración de que el número final depende de medidas, material y terminación. Un rango angosto se interpreta como precio y después es difícil moverse de ahí.

Revisar el método, no solo el precio

La única forma de saber si el método funciona es compararlo con la realidad: anota el costo estimado al cotizar y el costo pagado al entregar, y mira si la diferencia se repite siempre en la misma partida. Si el desvío siempre está en el flete o en los herrajes, el problema es cómo estimas esa línea, no el precio final del mueble.

Cómo sostener el precio sin bajarlo

Cuando el cliente dice que está caro, casi siempre está comparando con algo que no es comparable: un mueble de fábrica, una medida estándar o el precio que le pasó alguien que no incluyó la instalación.

Mostrar el precio separado en material y trabajo suele resolverlo mejor que cualquier argumento, porque vuelve tangible una cifra que de otro modo parece salida de la nada. No hace falta el desglose completo — eso invita a discutir cada línea — pero sí las dos mitades.

Y si hay que ceder, conviene ceder alcance y no precio: una terminación más simple, un herraje estándar, una medida que aproveche mejor la placa. Bajar el número sin cambiar nada del mueble le enseña al cliente que el primer precio no era real.

Cuándo conviene no cotizar

No todos los pedidos merecen una cotización. Preparar una lleva tiempo real — medir, calcular material, pedir precio al taller — y ese tiempo sale de las mismas horas con las que produces.

Hay tres señales que anticipan una cotización que no va a cerrar: el cliente no menciona presupuesto por más que se lo preguntes, pide comparar contra un mueble de fábrica, o quiere una fecha que no puedes cumplir. Ninguna es definitiva, pero cuando aparecen las tres juntas conviene una conversación de cinco minutos sobre rango de precios antes de sentarte a calcular.

En conclusión

Cotizar a medida no es adivinar: es aplicar el mismo método a piezas distintas. Materiales con desperdicio, horas reales, el tercero, estructura y recién ahí el margen. Lo que convierte ese método en algo confiable no es la fórmula sino el hábito de contrastarla con lo que realmente costó cada pedido — porque un método que nunca se revisa repite el mismo error tantas veces como pedidos tengas.

Puesto el precio, queda decidir cuánto pedir por adelantado: cuánto anticipo cobrar en un pedido a medida

Preguntas frecuentes

¿Cómo pongo precio si cada pieza es distinta?

No se fija un precio por producto sino un método: materiales del día, horas reales por tu valor hora, lo que factura el taller externo, una parte de la estructura y recién ahí el margen. El precio cambia con cada pieza, el método no.

¿Cuánto margen es razonable?

Depende del rubro y del riesgo que asumas, pero conviene calcularlo sobre el costo total y no sobre el material. Un margen que parece sano aplicado solo a la madera puede no cubrir las horas ni la estructura.

¿Cómo calculo mi valor hora?

Parte de cuánto necesitas ganar por mes y divide por las horas realmente facturables, que siempre son menos que las trabajadas: cotizar, comprar, coordinar con el taller y entregar también ocupan tiempo y no se cobran directamente.

¿Tengo que incluir el desperdicio de material?

Sí, y es de los olvidos más caros. La placa se compra entera aunque uses el 70%, y ese resto no siempre sirve para la pieza siguiente. Costear solo el material que queda en el mueble subestima sistemáticamente.

¿Y las horas de terminación y ajuste?

Son las que más se olvidan porque no se sienten productivas. Lijar, ajustar cajones, corregir un detalle en la casa del cliente: todo eso es tiempo del taller y pertenece al costo del pedido.

¿Conviene mostrar el desglose al cliente?

Casi nunca conviene mostrar el detalle completo, porque invita a discutir cada línea. Sí ayuda mostrar el precio separado en material y trabajo cuando el cliente resiste, porque vuelve tangible una cifra que de otro modo parece arbitraria.

¿Cada cuánto reviso mis precios?

Cada vez que cambien los materiales de forma perceptible, y como mínimo al comparar lo cotizado contra lo realmente pagado en los últimos pedidos. Ese contraste es el que muestra si el método está bien calibrado o si viene fallando siempre en el mismo rubro.

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marat@ordamo.app